Rafael Duato Pol

rafael duato Registo Compañía Nº 706 /Registro del Cuerpo Nº 17.510

Nacido en Barcelona . Se incorporó a la Doce el 14 de Abril de 1961. Rafael Duato, al momento de su fallecimiento,tenía tan sólo 21 años de edad, y 1 año 7 meses de servicios en la Doce, junto a Giorgi, siempre demostraron excepcionales condiciones personales y bomberiles. Se destacaban por su abnegación, compañerismo y eficiencia.También, fueron Integrantes de la Guardia Nocturna a partir del 24 de octubre de 1961. Caballerosos y amigos que mostraron siempre la corrección, honorabilidad y la sana alegría de la juventud.

Duato Pol, era de profesión Fotograbador, pero gracias a su tesón y esfuerzo, se había instalado recientemente con una imprenta propia.

Rafael Duato, un español de 21 años de edad, soltero,1,88 metros de estatura, moreno y macizo. Sus amigos lo llamaban “Don Rafa”, por su carácter afable y bondadoso. Había ingresado a la 12º Compañía de Bomberos de Santiago el 14 de abril de 1961. Los antecesores de Rafael vivieron los sangrientos días de la revolución española. Sus abuelos y tíos paternos y maternos perecieron en la contienda fraticida y solo salvaron el matrimonio formado por Luis Duato y Carmen Pol (padres de Rafael), y un hermano de su madre, que huyó a Francia donde murió igualmente años después.

Rafael Duato, nació después de la guerra civil y sus padres decidieron venirse a Chile en busca de paz. En 1952, la familia Duato Pol se embarcó a nuestro país, y a los seis años de haber pisado tierra chilena, su padre don Luis Duato fallece por enfermedad en 1958. Rafael en ese momento con 16 años, ocupó en el corazón de su madre el vacío dejado por su esposo y ambos siguieron estrechamente unidos.

Ella empezó a trabajar en modas, y Rafael, no queriendo ser una carga, dejó sus estudios e ingresó a la Editorial Universitaria. Inteligente como era, pronto dominó la técnica del fotograbado, actividad en la cual llegó a ser un verdadero experto.

Rafael decide 1961 ingresar a la 12º compañía de Bomberos de Santiago, sumiendo a su madre en la angustia permanente. Ella presentía que algo malo debía sucederle a Rafael, y ya nunca más volvió a dormir tranquila. Un día lo llamó y le suplicó que dejara la bomba, pero él le respondió “no mamacita. Si debo morir, moriré en cualquier parte. Pero si lo hago como mártir, la 12º llevará mi nombre. Yo seré el primero…”

La madre no insistió. Cada vez que las sirenas anunciaban un incendio, rezaba en silencio para que nada sucediera. Pero no sólo fue el terrible presentimiento el que amargaba a su madre, por que junto con ingresar de voluntario, empezaron también las dificultades para Rafael en el trabajo. Ya era un experto en fotograbado. Era muy responsable y cumplidor, pero tenía, según el criterio de sus jefes, “el vicio de ser Bombero”. Rafael iba a cada llamada, a cada incendio, y esto significaba tiempo perdido, dinero descontado por no trabajar. Un día lo llamó su jefe de la editorial, y le dijo:“Mire Duato. Es usted un excelente empleado: trabajador, honesto, pero verá, hemos decidido despedirlo…, es por eso de los bomberos… ¡ No puede abandonar esa tontería? Rafael no dijo nada, pero dio media vuelta y abandonó el recinto. En esos momentos creía que podría encontrar fácilmente trabajo, pero no fue así. Estuvo seis meses cesante. El mes anterior a su muerte, volvieron a llamarlo desde la Editorial para ofrecerle el mismo cargo, siempre y cuando dejara de ser bombero.

Duato no pertenecía a la Guardia Nocturna, es decir, no pernoctaba en el Cuartel, pero jamás faltó a una llamada de incendio. “era un tronco para dormir, pero apenas sonaba la sirena de la 10ª, saltaba de su cama, señalaba su madre. Vecino de su casa vivía Santiago Agiar, padrino de Rafael, y también voluntario de la 12º. “siempre salíamos juntos a los incendios, pero ese día no se que pasó, se me trancó la puerta y no pude salir. Si hubiera estado con él… “El día de la tragedia, Rafael fue de los primeros en llegar al incendio. Cuando los primeros carros se hicieron presentes, él había ya organizado la acción contra el fuego y durante casi todo el siniestro, su labor se realizó alejado del área de peligro. Repentinamente, Rafael se dirigió a uno de los castillos de madera, al parecer para trabajar con más facilidad.

No subas Rafael, no hay necesidad, le gritó otro voluntario, a lo cual respondió: “terminemos de una vez con este incendio, así nos vamos más pronto” .. Cuando llegaba a lo alto del castillo de madera, se produjo el mortal derrumbe que lo lanzó a tierra, dejándolo aprisionado hasta la cintura. Rafael Duato Pol no murió instantáneamente. Quedó con vida, sepultado por toneladas de piedras, lodo y escombros del muro asesino. Sus compañeros bomberos intentaron rescatarlo, y mientras bregaban desesperadamente por salvarlo, Rafael habló: “Agua mi Teniente, por favor.” Cuando el líquido llegó a sus labios, Rafael Duato pasó a la inmortalidad, como el primer mártir de la 12º Compañía.