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¿Por qué quiere ser bombero?

Ingreso Cinthia Fdo3 En noviembre del 2016 cuando llegué a las puertas del cuartel, nunca imaginé el nuevo mundo que me esperaba, en la completa ignorancia me presenté diciendo que quería ser bombero, como si fuera solo una decisión.

La mayoría de las personas cuando piensa en bomberos imagina un incendio pero a decir verdad, lo que se venía a mi mente era verlos sacando gente del río Mapocho, cortando autos en accidentes y ayudando en los desastres naturales, ahora sé, que ni siquiera usaba las palabras correctas para describir sus funciones.

Después de presentarme, la primera pregunta que me hicieron fue ¿por qué quiere ser bombero? Y yo en mi optimismo y el desconocimiento dije “quiero ser bombero, porque me gusta lo que hacen, quiero ayudar” supongo que algo similar dicen muchos la primera vez que llegan al cuartel, pero debo ser honesta y decir, que realmente no sabía lo que hacía bomberos.

Mi único conocimiento de la Duodécima es que eran una compañía de rescate, que es lo que más ilusión me provocaba, pues pensé que al ser enfermera, era mucho más lo que tenía que aportar. Y después de conocer el cuartel, la sala de máquinas y una leve explicación de sus funciones, tomé la decisión, ese mismo día firmé mi solicitud como aspirante.

Iba caminando a casa, y pensé “en el cachito que me estoy metiendo” pero creo que fue en el momento preciso, tenía el tiempo de tomar el curso, tenía la madurez de tomar esta decisión y más que nada, tenía la seguridad de querer ser bombero, aunque solo era la imagen social que se tiene de ello.

A los días me avisan el día de inicio del curso, 13 de diciembre era la fecha. Nos presentamos 7 aspirantes, fui a cada clase, hice las preguntas más insólitas y fallé en los pasos más básicos en los cursos prácticos, pero aun así lo único que encontré fue apoyo y ganas de enseñar, nunca escuché un reclamo por no saber, al contrario, en cada falla encontré el aliento a seguir.

Muchas veces sentí vergüenza, ¿cómo podía saber tan poco de ellos? ¿Cómo es posible que socialmente los queramos tanto como institución, pero no se les da la importancia que se les debe?

Durante el curso entendí, que no importaba que fallara, no importaba que desconociera muchas cosas, pues ellos me enseñarían, su único requisito era que yo quisiera aprender para después ponerme a disposición del servicio, pues dentro de bomberos existen un sin número de profesiones, oficios, personas y realidades, que dedican su tiempo a ayudar desinteresadamente, solo por el convencimiento de que están haciendo lo correcto.

El tiempo que cualquier persona destina a salir, a la familia, a sus hobbies, ellos no solo lo emplean en servir, sino que también en perfeccionarse, pues el término “voluntario” se refiere solo al ingreso, pero en realidad son especialistas, profesionales de salvar vidas.

Los meses pasaban y cada día era un aprendizaje nuevo, participar de sus reuniones, celebraciones y llamados me llenaban de ganas de seguir, cada conversación fue un consejo, una invitación a mejorar. Cada vez que salí del cuartel y caminaba a casa era una conversación interna, un repaso mental de todo lo aprendido en el día y me llenaba de energía, de ímpetu de volver y seguir aprendiendo, que mi meta no es terminar el curso y ser bombero, que la meta es la superación, es ayudar de la forma correcta, con el conocimiento, que no es una lucha de ego y orgullo, esto es entrega y abnegación, esto es realmente servicio a la comunidad.

Al finalizar el curso solo Don Fernando Guerrero y yo llegamos a la instancia del examen, muchos quedaron en el camino, y es que bomberos requiere una entrega y sacrificio de la vida personal que no todos pueden realizar.

Aprobé el examen y solo quedaba esperar, ya había hecho mi parte, era tiempo de que los voluntarios evaluaran mi participación y decidieran si me hacían parte de sus filas.

Fue una semana llena de ansiedad, ¿Habré demostrado mi entusiasmo? ¿Me considerarán un elemento útil como bombero? Fueron las preguntas que más me hice, pero llegado el día ya no había nervios, la decisión no era mía.

Esperé fuera del salón de sesiones y Don Fernando Guerrero me decía que no estuviera nerviosa, que nos iba a ir bien, hasta que el secretario Don Jorge Clunes nos pide ingresar, entré sin poder fijar la mirada en nadie, mi padrino Don Cristian Burgos se ubicaba a mis espaldas y el director Don Francisco Candelori sostenía mi ficha. La verdad no logré concentrarme en lo que decía, solo entendí cuando me dijo que era aceptada y nuestro Capitán don Álvaro Inostroza asentía con la cabeza y una sonrisa, que esperaban que siguiera con el mismo entusiasmo que había demostrado hasta ahora.

En ese momento frente a todos los voluntarios, oficiales y mandos administrativos, prometí ser bombero de la Duodécima compañía del Cuerpo de Bomberos de Santiago “Chile - Excélsior”.

Hoy la respuesta a ¿Por qué quiere ser bombero? Es muy distinta, soy bombero, porque tuve que dar respuesta al llamado de la vocación, y aspiro a ser como esos grandes héroes incomprendidos que arriesgan sus vidas por salvar las de otro, sin esperar nada más que ser un aporte a esta sociedad, con empatía, con el gran misticismo que los rodea, el profesionalismo a nivel internacional, con la garra con que se suben al carro en cada llamado y combaten la destrucción con la fuerte convicción de que toda vida importa.


Voluntaria Cinthia F. Soria